sábado, 6 de febrero de 2016

A LA RICA CREMA. CREMA, CREMITA, CREMA

Recuerdan eso de querer estar guapa? Pues yo  no lo he necesitado nunca (ajam, ajam), porque siempre he tenido un cutis que me lo robaba hasta La Reina Malvada (Blancanieves) y su espejito por no aguantarla más rápido aún. No obstante, me repito en decir que tengo o tenía, ya no lo sé, un cutis envidiable.

Un día una amiga me dijo "toma esta muestra de crema plim-plam que es buenísima para estirar la piel" y yo, aunque no la necesitara, voy y la cojo....y lo mejor, la pruebo.

De ahí, a que empecé a probar cremas, no por comprarlas yo, que paso, sino porque me las regalan...me verán mayor para mi edad, pero  que yo sepa con 33 añazos y sin ninguna arruga...pues...

La cuestión es que ahora tengo dos cremas de estas de hidratantes o estirantes o para lo que sean que sirvan. (regalo de mamá y una amiga). Como buena hija o amiga me las estoy poniendo, lo malo de ello es que una dice "quitar crema con papel o un trapito" y la otra "aclarar cara con agua templada"...y mira que me las habré echado veces ya...que estoy deseando agotar el botecillo. Pues en una de estas veces que me eché una de ellas, no me acordé, habiendo trascurrido el tiempo necesario para quitármela, que tenía ser quitada con agua templada y no menos acertada yo, voy y me meto en la ducha y me ducho con agua ardiendo, a mi estilo, como no.

Cuando yo me sequé, me vestí y me fui de marcha, no noté nada...ni cara colorada, ni quemaduras ni nada por el estilo. Pero una vez transcurridas 3 horas desde mi ducha, empezó a picarme la cara mucho, como si hubiese tomado el sol todo el día...cuando quise darme cuenta, estaba colorada, quemada y bien estirada...tanto que reír me dolía.

Estas quemaduras me costaron estar 2 semanas echándome crema hidratante para quemaduras y tener las aletas de las nariz pegadas a los mofletes con unas costras horribles, que parecía que no te habías lavado la cara en varios días...

NO A LAS CREMAS ESTIRANTES O COMO SE LLAMEN...

lunes, 1 de febrero de 2016

NO HAY REMEDIO QUE NO CURE LO QUE CURA LA FELICIDAD

En esto que La Campos y La Puri se marchan a casa después de una noche de desenfreno y locura saliendo de pub en pub, con La Pili pisándoles los talones intentando hacerse con el control para ligar con alguno y hacerse ganadora del trofeo estatal de un hombre en su cama…, perdón que me voy de la historia, pues eso, que La Campos y La Puri vuelven a casa…y no por Navidad, sino borrachas como ellas mismas a lo “mineralismo” haciendo más ochos que la carretera de las cabras, cuando de pronto La Campos sufre un percance.

No se si fue porque vio la parada de taxi próxima a ella, porque iba borracha, porque el taxista estaba wenorro (NO) o porque se meaba encima…la cuestión es que nos dirigimos al taxi y justo antes de la parada de taxi había, HAY, unos contenedores de reciclaje enclavados entre una baranda-acera y la carretera. Entre baranda-acera y contenedores hay sitio para que pase tres perros caniches y no más.

Pues ahí va mi Campos y se mete por esa estrechez para recortar camino dirección taxi, y mira tú por donde, que había una caja de cartón en mitad de la mini-acera. A esto que La Campos no la ve, tropieza con ella y cae dentro de la misma. Imagínate a La Puri viendo caer a su amiga de boca dentro de una caja de detergentes a cámara Formula 1 e intentando rescatarla…ella que no se podía mantener en pie. Comienzan las dos a partirse de risa y no son capaces ni la una de levantarse del suelo ni la otra de recogerla.

Lo mejor de todo, es que el taxista que estaba a tres metros de nosotras nos miraba pero en ningún momento hizo amago de salir a ayudarnos, y eso que luego, tras 10 minutos tiradas en el suelo intentando no reír cogimos ese mismo taxi para ir a casa.

La Pili no consiguió su objetivo de controlar mi cuerpo y ligarse a algún petardo, La Campos que tampoco ligó con tanta pluma cerca (salimos por el ambiente) y La Puri que nunca está por la labor, salvo que sea bailar y reírse….pues eso, ya que no pillamos cacho, al menos perdimos esas 300 calorías del jincamiento en las risas y sudores que nos dieron para intentar levantarnos del suelo y subir al taxi.









NO HAY REMEDIO QUE NO CURE LO QUE CURA LA FELICIDAD